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Por lo que concierne a los cultivos, trabajamos con cereales como plantas alimenticias, y con lino como especie de aprovechamiento textil. La escanda es nuestro representante de los cereales de invierno en sus dos variedades fisga y povia, y el mijo y el panizo, a los que el maíz comenzó a sustituir a partir de su llegada de América a principios de s. XVII, se siembran como cereales de verano.

¿PORQUE RECUPERAR CULTIVOS TRADICIONALES?

Los medios de comunicación nos han familiarizado con el problema de la extinción de especies animales a escala local y planetaria. Muchas especies vegetales, en su silencio, sufren también un problema de confinamiento geográfico o extinción de hecho. Mientras la desaparición de variedades de vegetales silvestres provoca el empobrecimiento de un ecosistema dado, la desaparición de especies domesticas añade a esa probeza una pérdida irreversible de las formas culturales asociadas.

Las plantas domésticas son aquellas que el hombre ha aprendido a aprovechar para satisfacer necesidades de diversa índole, incluyendo las estéticas, mediante un proceso histórico de manipulación genética, es decir, mediante la selección de aquellas poseedoras de cualidades determinadas (obviamente la subjetividad en el proceso de selección incidió en la biodiversidad biológica y cultura heredada). La armonía de la selección humana en dicho manejo, junto con las pautas de desarrollo biológico de estas plantas durante dicho proceso histórico, trajo consigo la plena adaptación de la especie a las condiciones locales (circunstancia determinante en su condición de "autóctona" o tradicional), así como una notable capacidad de ofrecernos productos de alta calidad.

Al ser integradas en el ámbito social y económico del hombre, las especies vegetales domésticas enriquecen también de forma activa su esfera cultural de tres maneras fundamentales.
En primer lugar, mediante la interacción directa que se produce entre la gente del campo y las plantas. Esta interacción puede ser individual o colectiva y se realiza a través de las sucesivas labores dedicadas a garantizar el nacimiento, desarrollo y madurez de las plantas, así como su transformación en sustancias y productos consumibles o utilizables.
En segundo lugar, los ciclos vegetativos de las especies domesticas, no sólo estructuran el calendario campesino, sino que también afinan la percepción de los vientos y el granizo, el frio y el calor.
Por ultimo, al asignar un espacio a los cultivo y recolectar las especies silvestres, el hombre recorre e interioriza el espacio físico y natural, y lo transforma en espacio humano y cultural, creando de este modo el paisaje del hombre.

NUESTRO PROGRAMA DE RECUPERACIÓN DE CULTIVOS.

Como asociación cultural y ecologista, IXUXU se siente comprometida con la preservación y defensa de la diversidad biológica y cultural. En esta linea se enmarca nuestro programa de recuperación de cultivos con presencia histórica en el campo asturiano. El programa se inició con la introducción de la escanda como cereal de invierno, para incorporar luego el mijo y el panizo como cereales de verano. Más recientemente, hemos abierto nuestras puertas al lino como cultivo de aprovechamiento textil. Nuestro interés, por tanto, se centra por el momento en especies en peligro severo de extinción o desaparecidad de hecho de nuestra región, como es el caso del lino.

Aunque, dadas nuestras limitaciones actuales, los objetivos del programa se ciñen por ahora a la conservación de las semillas mediante el sembrado anual de las citadas especies, trabajamos de cara a la puesta en marcha de talleres que proporcionen tanto viabilidad biológica a las especies como rentabilidad cultural.

LOS CEREALES.

La escanda en sus dos variedades fisga y povia o póveda, junto con el trigo y el centeno, constituyen los cereales panificables de invierno con presencia histórica en Asturias. Los tres, independientemente, reciben el nombre de "pan" en las áreas de predominio respectivo. Hasta la segunda mitad del pasado siglo XIX y residualmente hasta el presente siglo XX, además de su valor de consumo inmediato como producto alimenticio, estos cereales poseían un significativo valor de cambio en el mercado, garantizado por su perdurabilidad comparativa en relación con otros productos agrarios, y por su valor nutritivo.

El mijo (millo, mixo, mîo) y el panizo, cereales de verano que compartían tierra frecuentemente, alternaban con los de invierno en las tierras de cultivo, antes de la introducción del maíz, procedente de América, a principios del siglo XVII. El alto rendimiento del maíz respecto a sus antecesores, de los que el pan del cereal americano heredó el nombre de "borona" o "boroña", favoreció su expansión progresiva y la paralela desaparición del mijo y el panizo del paisaje agrario asturiano.

La importación de cereales y harina del exterior y la paralela especialización ganadera del campo asturiano desde mediados del siglo XIX, como consecuencia de la articulación y desarrollo del comercio nacional e internacional, redujeron progresivamente el espacio cerealista. Los cereales son hoy testimonio de lo que fue en el pasado el producto central de la economía agraria Asturiana.

EL LINO.

El lino y la lana eran los dos productos de aprovechamiento textil en el mundo rural tradicional asturiano. El lino se cultiva en primavera y tiene un ciclo vegetativo corto de apenas dos meses de duración (abril-junio). En comparación, el proceso de transformación de las fibras de su tallo en hilo apto para ser tejido es largo y laborioso. Es necesario retirar la corteza del tallo, para lo cual el lino se deja macerar previamente en agua y se extiende luego para que seque al sol de modo que la corteza se desprenda con facilidad. Sigue una serie de procesos cuya finalidad es reducir las fibras del tallo a hilo, mediante un refinado progresivo de la calidad y calibre de las fibras obtenidas sucesivamente.

La laboriosidad de la transformación del lino, sumada a su posterior tejido, lo hacían escasamente rentable ante la competencia de los productos textiles industriales que comienzan a afluir de manera significativa a los mercados a raíz de la Revolución Industrial inglesa en el siglo XVIII. Las previamente esbozadas circunstancias económicas del siglo siguiente culminan el proceso de desaparición del lino de las tierras de cultivo asturianas, pese a que se mantiene, agonizante y de manera residual, hasta bien avanzado el pasado siglo XX.